viernes, 13 de junio de 2014

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

 Diario de Germán.

Increíblemente, le gané a Marquitos Graubal. Es decir, creo que le gané, porque él me lo dijo. En realidad no entendí nada del juego de cartas de rol, aunque Pablo me soplaba a cada rato, saca esta, manda esta, el Ogro verde de la Metamorfosis es la mejor carta, no la juegues enseguida. Por suerte, no jugamos por dinero, porque si no hubiera sentido que estafé al pobre Marcos sin darme cuenta como. Lo peor de todo fue que Alberto cazó enseguida la onda del juego, y ya a la segunda ronda estaba comentando acerca de las virtudes y desventajas de cada carta como si fuera un experto. No solamente eso: se comió todos los latkes que había cocinado la bobe de Marcos y le abrió dos botellas de Merlot 2005 que Marcos tuvo que sacar de la bodega ante la queja de mi hermano de que no había "nada para tomar".
- Que le va a hacer- dijo Pablito Graubal- Las teníamos guardadas para una ocasión especial.
- Que ocasión más especial que una reunión de viejos amigos.
- Alberto- le dije yo en voz baja- tomáte una sola, deja que guarden la otra.
- Si, si- me dijo. Ni me hizo caso.
- Para Hannukah le vamos a traer de regalo algún vino - le dije yo tratando de arreglarla.
- No importa, no importa- me dijo Marcos.- Mejor traigánnos algún libro comentado en hebreo. O algún mazo de cartas de "Guardianes de la Tierra Media" importadas. Por Mercado Libre se consiguen. No son caras.
- Che ¿hay gente que juega a esto por guita? Como en el poquer, no. Porque soy bastante bueno- se le ocurre decir a mi hermano.
- Y, sí, debe haber- dice Pablo Graubal.
- Ya encontré la solución para zafar de mis problemas económicos- me dice Alberto, cuando salimos del departamento- En el poquer me va mal, pero en este juego soy buenísimo.
- Vos estás revirado- le digo- Además, me hiciste pasar un papelón bárbaro. Te comiste todo, te tomaste todo el vino que tenían.
Alberto me mira.
- ¿Qué yo hice qué? Yo solamente les pregunté si tenían algo para acompañar los latkes.
- Eran dos botellas de Merlot del año 2005 de las bodegas San Gregorio. Cada una vale mil pesos. No es un vino común, es casi una inversión.
- ¿Que clase de persona invierte su dinero en alcohol?
Ahí me saltó la térmica. Menos mal que estaba Javier para atajarme.
- Vos invertís buena parte de tu dinero en alcohol.
- Pero tengo la honradez de tomármelo.
- Basta- dice Javier- Me parece que la noche agarró para el lado de los tomates. Te entiendo, Germán, yo también me aburrí como un hongo. Pensar que iba a ser una salida de a seis.
- No, Javier- le digo yo.
Tarde piaste, diría mi madre. Alberto ya se dió cuenta.
- ¿Cómo una salida? Yo pensé que íbamos a oir a Horacio González.
- Si- le digo yo- a oír a Horacio González y también a encontrarnos con dos, perdón, con tres...
Ahí Javier (que está un poquito achispado, se le nota en los cachetes y en las orejas coloradas) se ríe.
- Ustedes me están tomando para la joda- dice Alberto- No seré del PRO, ni estadístico, ni de la Cámpora, ni estudiaré ¿vos que estudiás, pibe?
- Derecho- contesta Javier, y veo que aguanta las ganas de reírse.
- Pero sé cuando me están tomando el pelo. No te aguanto más, Germán, y acordate ahora que te hacés el muchacho me las sé todas que el primero que te dijo que Gretel te estaba metiendo los cuernos, cuando todo Recoleta, incluído Mariano  lo sabían, fui yo.
- Ah, si- le digo yo- no me aguantás más pero a quién le pedís plata prestada cuando no llegás a fin de mes, que casualmente es todos los meses. Dos lucas este mes, cuatro el mes pasado, tres el mes anterior, diez lucas en enero. Tengo un apartado en mi contabilidad que es: préstamos a mi hermano. Si algún día sacás las cuentas de lo que me tendrías que devolver, tendrías que ser el martillero más exitoso de Buenos Aires. Que digo de Buenos Aires. Del mundo entero.
- Agarrado como papá. Mirá, olvídate de mí y de Juancito. Dejá de preocuparte por que el se vaya a casar antes que vos, porque el día que se case ni te vas a enterar.
Y mi hermano agarra un taxi y se va.
Javier me mira.
- Germán, esto es grave.
- No es tan grave- le digo yo- ¿Sabés cuantas peleas como estas tengo con Alberto? Seis al año.
- No, es que... El Renault 2000. Estaba estacionado acá. Me lo afanaron. 



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