Mi amor,
la libertad es fanática,
ha visto tanto hermano muerto,
tanto amigo enloquecido
que no puede soportar
la pendejada de que todo sea igual,
siempre igual, todo igual,
todo lo mismo.
Blues de la libertad.
Los Redondos son los hackers de la sociedad hipertecnologizada en la que vivimos. Es el pequeño milagro que a veces ocurre en el mundo del rock; pienso en los Beatles y su influencia sobre la generación post segunda guerra mundial, pero también en Seru Girán y la Argentina de los años '70. Fito Paez, al cual cito porque tiene ojo de lince para el verdadero arte, decía que Charly García es un gran letrista, pero que los únicos poetas verdaderos que tiene el rock nacional son Spinetta y el Indio Solari. No quiero discutir aquí sobre los alcances de la poesía de Charly García, pero es cierto que en el rock nacional pasará largo tiempo antes de que aparezcan discos de la altura de Kamikaze y Oktubre.
Pero los Redondos son algo más: son un fenómeno sociológico casi inexplicable. En los años noventa, su pelea con Soda Stereo (la otra gran banda) alcanzó proporciones épicas. Quienes escuchaban a Soda eran "caretas", quienes escuchaban a los Redondos eran "rockeros del palo". Cuestión que dejo para los historiadores del rock del futuro: generalmente los caretas y los rockeros vivían en la misma cuadra. Pero, como dice Adrian Abonizio, esto es Argentina.
Quizás el fenómeno pueda explicarse porque los Redondos representaron, en este país, como nadie la contracultura. El disco "Gulp", producido cuando la dictadura agonizaba, representa el corazón de las tinieblas de una época terrible. "¿Cómo puede ser que te alboroten mis placeres?" canta el Indio en "Te voy a atornillar" y esa línea define como nada lo que significa la cultura del rock desde los años '50 hasta ahora. El resto es MTV, propagandas de cerveza y silencio, como se dice en Hamlet.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario