viernes, 24 de enero de 2014

El aprendizaje sentimental


                                                                                                   Chechez la femme
                                                                                                            Luis XVI

Las doradas mañanas. Eso es todo lo que me dejaron las mujeres que pasaron por mí. En cuanto a mí, confieso que las he amado a todas,  incluso a esa holandesa gorda y blanca con la que me casaron por obligación y que me abandonó a los tres días por un palafrenero. Inclusive a Anna; hay días en los que despierto imaginando la cabeza de la hermosa Anna Bolena sobre mi almohada, y entonces recuerdo que apenas escuché rumores de que me engañaba ordené que la decapitaran. Ni siquiera tuve la piedad de repudiarla.

Nos estás tomando a broma, querido rey. No somos joyas de tu corona, ni hembras de tu harén; somos tu prestigio.  ¿Cómo te recordarán algún día, como el hombre que envió una carta réproba al Papa (para lo que no hace falta mucho coraje) o como el hombre que amó y engendró a las mujeres más deseables del reino? El amor es un juego sangriento, sin duda alguna, y quién mejor que nosotras para saberlo.

Han pintado mi último retrato. Soy un monstruo gordo y adornado de joyas; mis antepasados, la invisible línea de reyes y reinas que me atraviesa, se hubieran espantado de verme. Mis cortesanos me cuidan y me adulan; la última de mis reinas me trae a Eduardo, el príncipe heredero, un ser enfermizo que durará lo que un soplo. Me pregunto si alguna vez conocerá el amor, si alguna de las doncellas que abundan en el palacio despertará a su lado y el olvidará que es un rey, Eso espero, pero el amor, como bien saben los fantasmas de las mujeres que me amaron, es un juego de ajedrez donde incluso los sabios más sabios no conocen la última respuesta. Mi ayuda de cámara cierra las pesadas cortinas de mi cuarto y me alcanza una copa de cordial; yo intento dormir, sí la gota y la hidropesía y una hermosa mujer decapitada me dejan hacerlo.

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