martes, 14 de enero de 2014
Kenneth Branagh
En un mundo donde cualquiera obtiene sus cinco minutos de fama, es un placer que un actor como Keneth Branagh exista, porque es un apasionado real del teatro y de Shakespeare. Cuando actúa, está cercano a la perfección. En "Conspiracy", la película donde interpreta a Heydrich, es el villano perfecto (uno puede repetir con el bardo que un hombre puede sonreir y sonreir y aún así ser un malvado). Recomiendo, de paso, a quién quiera entender ciertos mecanismos del nazismo y de la resistencia al nazismo, el magnífico libro HHhH que se basa justamente en ese personaje. Nada me trasmitió a mi tanto amor por el teatro isabelino del renacimiento como sus numerosas adaptaciones cinematográficas a las aparentemente poco "comerciales" comedias, dramas y tragedias de William Shakespeare. Aunque debo confesar que mi amor por sus tragedias se originó a los nueve años, cuando vi por televisión la versión de Franco Zefirelli de "Romeo y Julieta". Hay obras de Shakespeare que se entienden a los cuarenta años; Romeo y Julieta, pienso yo, la entiende mucho mejor un niño o un adolescente que un adulto. Es la tragedia de la adolescencia, la tragedia de la inmadurez, como diría Pablo Neruda; "En la primavera las nieves son más crudas".
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