a Eduardo Galeano, un amigo de los libros de la otra orilla del río.
Descubrí a Cesar Vallejo gracias a una profesora de literatura de la secundaria. Yo le mencioné mi amor por Alejandra Pizarnik y sus poemas en prosa, y ella me contó que el primero que escribió en lengua española esos versos extraños, que no buscan la belleza más obvia, fue Cesar Vallejo. No tardé demasiado en comprarme un libro de él (bellamente adornado con grabados) y me pareció una maravilla extraña. El poema "El buen sentido" siempre me pareció hermosísimo. "Mi madre llora porque estoy viejo de mi tiempo y nunca llegaré a envejecer del suyo", dice Vallejo y en esa frase hay mucho más amor filial que en tantos versos tangueros que adoran a la viejita planchando. Vallejo tuvo la visión, incluso, de profetizar su propia muerte: "Me moriré en París en un día de otoño". Muchos años más tarde, y siendo madre yo misma, me tomé el atrevimiento de pedirle prestado a Cesar Vallejo el nombre de su poema para uno de mis cuentos. Espero que no me lo reclame nunca, pero si lo hace, tendré que admitir que es el el poeta verdadero.
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