jueves, 2 de enero de 2014

Espio a un hombre que se muere mientras sueña la revolución. La vida de Agustín Tosco.

                                                                                                           Trelew. 1973. La fuga

Yo, que amo tanto a la Yago y como le digo que están equivocados. Y Firmenich, con ese aire de nene de la acción católica, y todos los otros. Mis compañeros, mis amigos. Como se los digo. Yo les digo lo que hubiera dicho mi viejo, el consejo que me daba mi viejo cuando mi amigo decía cosas equivocadas. Mi viejo me decía: hay que aguantar con el cuerpo lo que se dice con la boca. Les digo que me parece bien que se escapen, pero que a mi la gente me va a sacar. Que gente, me pregunto, que gente. Tito, el mecánico al que le gusta tanto el vino. Y el tonto de Gastón, que siempre se enamora de la mujer equivocada. Y la boluda de Adriana, siempre psicoanalizada, siempre enamorada de su psicoanalista. Estudia filosofía, pobre. Tienen un plan ideal y sin embargo yo sé que las ideas no son nada sin corazón. Sueñan con un mundo mejor, y no puedo quebrarles ese sueño, yo que solo soy el Tosco, el que estuvo en el Cordobazo. Sin embargo me quieren. Todos ellos me quieren y me respetan aunque solo soy un cuadro medio de esa revolución que quizás algún día exista. Me dan un poco de miedo, a veces, cuando aparecen en las marchas: “Duro, duro, duro, estos son los Montoneros que mataron a Aramburu”. Tienen voluntad, y como les digo que con la voluntad sola no basta, como les digo que la voluntad sin corazón no es nada. Y el otro día me mando una carta una amiga hablaba de un científico que había conocido y que era un reaccionario, que odiaba a toda la izquierda y entonces se preguntaba como se había hecho amiga de él. Y ella se contestaba sola, un poco tonta, porque ella es un poco tonta y un poco obcecada. Es que su corazón está en el lugar correcto. Me pregunto que pasará con todo esto, cuanta sangre se derramará, como los pobres bolivianos que murieron por seguirlo al Che. Yo hubiera querido ser el Che Guevara, hubiera querido liberar a Cuba, hubiera querido empezar el socialismo pero solo soy el Tosco, un cuadro medio del Cordobazo de una revolución que quizás solo esté en el sueño de los que la sueñan.

                                     
           

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