Prefacio a Un aire de familia
Esta novela es, como todo lo que
escribo, absolutamente ficcional pero su personaje principal, Samuel,
está basado en el gran ajedrecista argentino Miguel Najdorf. Alguna
vez leí su historia en el gráfico y me pareció muy triste y muy
verdadera. Quiero dedicarle a él y a sus descendientes esta novela,
y también agradecer especialmente a la revista Mutantia, que en 1983
publicó un informe estremecedor por lo contundente llamado “El
reino de Auschwitz”. La mayoría de los que allí trabajaban siguen
vivos, afortunadamente, y es un orgullo vivir en un país donde
personas así piensan la historia. Si algún miembro de la comunidad
judía se siente agraviado por algunos de los personajes, les pido
mis sinceras disculpas; los judíos son, de entre todos los pueblos
de la humanidad, los que más respeto me merecen, porque se burlan de
ellos mismos, cosa que al resto de los pueblos nos cuesta tanto.
Son, sin dudas, el pueblo elegido; cruzaron el desierto durante
cuarenta años, y sin dudas iban haciendo chistes por el camino
-creo que Moisés fue su blanco predilecto. Esperan sinceramente que
hay un paraíso del otro lado. Que más puede pedírsele a la vida,
salvo a veces un poco de buen tiempo y buena suerte.
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