lunes, 2 de diciembre de 2013

Beatriz Sarlo

                                

Para el a menudo autoindulgente mundo de la literatura argentina actual (¿debería escribirlo con mayúsculas?) Beatriz Sarlo es una de las figuras más incómodas, porque es una crítica literaria impiadosa. Se la ataca porque es mujer, porque pertenece a una clase acomodada, porque tiene un canon riguroso y estricto. Esto último es grave: ¿para que queremos los críticos de arte sino para que establezcan un canon? Si los críticos de arte y de literatura solamente nos dicen lo maravilloso que es el arte moderno o “contemporáneo” ¿cuando vamos a hacer algo distinto, algo nuevo, algo interesante?
Personalmente no tengo el gusto de conocer a Beatriz Sarlo, pero recuerdo que en mi temprana adolescencia leí “Escenas de la vida posmoderna”   y no tengo ninguna duda que es el libro que mejor describió los años noventa en Argentina. Ahora la intelectualidad en general  alza armas contra ella, como si estuviéramos en el siglo XVII y todavía se quemaran a las brujas. Yo creo que, al contrario, la mejor crítica literaria de la Argentina es mujer, pertenece a una clase media alta, ha leído muchos libros y ha escrito excelentes libros también sin una sola errata. Es Beatriz Sarlo: ella habló de Juan José Saer cuando nadie hablaba de el, habló de los padres que en los noventa se desentendían de sus hijos con mucha sutileza (y eso no lo hacían en la clases bajas, sino en la clase alta y media alta) y del cualunquismo que tanto cunde y que tanto mal le hace al verdadero arte.


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