Roberto Bolaño es el mejor escritor
del siglo XX, probablemente porque fue un chileno errante y
despatriado. No he tenido el placer de leer toda su obra, que es
mucho más extensa de la de varios premios Nobeles, pero he leído La
literatura nazi en América, Los detectives salvajes, 2666, y Los
sinsabores del verdadero detective. Hay dos o tres detalles menores y
encantadores de Roberto Bolaño como persona que me parecen
reveladores: primero está el hecho de que quisiera editar 2666 en
cinco partes para asegurarle el futuro económico a sus hijos. Es
cierto el argumento editorial de que 2666 editado en cinco partes
pierde fuerza y carácter; el argumento de Roberto Bolaño como padre
de dos hijos pequeños no es menos irrebatible. El segundo es que
reivindicara como amigo a Rodrigo Fresán, uno de los escritores
argentinos más incómodos que existen (tanto que vive en Barcelona).
El tercero, que durante sus años adolescentes y juveniles haya
querido ser poeta. Aclaro: no he leído ninguna de sus poesías, pero
un hombre que sabe distinguir un soneto de una oda, y un verso
endecasílabo de un verso aliterado va por buen camino.
Quiero aclarar lo que primero me
encandila de Roberto Bolaño el escritor: sabe escribir. Dice lo que
dice sin dudarlo y si a algún lector le resulta incomprensible, lo
lamenta mucho por el lector, que agarre el diccionario o la
enciclopedia británica o google y ya está. Lo segundo es que tiene
una cultura riquísima, propia de quién ha viajado y vivido mucho.
Lo tercero es que siente verdadera empatía con los personajes, algo
que a casi todos los grandes escritores se les escapa. Sus personajes
son verdaderos, incluso cuando están a medio construir. En Los
Detectives Salvajes, los dos protagonistas, los dos poetas
inentendibles e inentendidos (puro ennui, pura fuga) tienen algo de
lovecrofiano, de terrible. En 2666 todas las preguntas quedan
abiertas, todas las historias pueden continuar. Amalfitano, Liz
Norton, Archimboldi, Fate, Rosa. Es quizás una lástima que haya
muerto tan joven, pero quizás no hubiera escrito más novelas, ni
cuentos ni poemas. Ni falta que le hacía. Ojalá hubiese podido
vivir unos años más y disfrutar un poco de su vida. Es un poco
cursi, pero la muerte tiene ese efecto en las personas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario