jueves, 12 de diciembre de 2013

Roberto Bolaño



Roberto Bolaño es el mejor escritor del siglo XX, probablemente porque fue un chileno errante y despatriado. No he tenido el placer de leer toda su obra, que es mucho más extensa de la de varios premios Nobeles, pero he leído La literatura nazi en América, Los detectives salvajes, 2666, y Los sinsabores del verdadero detective. Hay dos o tres detalles menores y encantadores de Roberto Bolaño como persona que me parecen reveladores: primero está el hecho de que quisiera editar 2666 en cinco partes para asegurarle el futuro económico a sus hijos. Es cierto el argumento editorial de que 2666 editado en cinco partes pierde fuerza y carácter; el argumento de Roberto Bolaño como padre de dos hijos pequeños no es menos irrebatible. El segundo es que reivindicara como amigo a Rodrigo Fresán, uno de los escritores argentinos más incómodos que existen (tanto que vive en Barcelona). El tercero, que durante sus años adolescentes y juveniles haya querido ser poeta. Aclaro: no he leído ninguna de sus poesías, pero un hombre que sabe distinguir un soneto de una oda, y un verso endecasílabo de un verso aliterado va por buen camino.

Quiero aclarar lo que primero me encandila de Roberto Bolaño el escritor: sabe escribir. Dice lo que dice sin dudarlo y si a algún lector le resulta incomprensible, lo lamenta mucho por el lector, que agarre el diccionario o la enciclopedia británica o google y ya está. Lo segundo es que tiene una cultura riquísima, propia de quién ha viajado y vivido mucho. Lo tercero es que siente verdadera empatía con los personajes, algo que a casi todos los grandes escritores se les escapa. Sus personajes son verdaderos, incluso cuando están a medio construir. En Los Detectives Salvajes, los dos protagonistas, los dos poetas inentendibles e inentendidos (puro ennui, pura fuga) tienen algo de lovecrofiano, de terrible. En 2666 todas las preguntas quedan abiertas, todas las historias pueden continuar. Amalfitano, Liz Norton, Archimboldi, Fate, Rosa. Es quizás una lástima que haya muerto tan joven, pero quizás no hubiera escrito más novelas, ni cuentos ni poemas. Ni falta que le hacía. Ojalá hubiese podido vivir unos años más y disfrutar un poco de su vida. Es un poco cursi, pero la muerte tiene ese efecto en las personas.  

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