A Telémaco
Y solo quedé yo, para contar la historia.
Melville.
Tu padre se ha
ido hace mucho tiempo. Ya no lo extraño ni lo espero. Cuando vuelva, si algún
día lo hace, me contará la historia de una guerra y de un viaje de regreso tan
arduo como inseguro. Como si yo pudiera creerle; si la guerra fuera tan
peligrosa como él solía afirmar, hubiera estado conmigo. Muchos hombres me
cortejan y me desean. Ninguno es como tu padre: muchos son mejores que él y
saben que una mujer tejiendo tapices que desarma durante la noche no es nada
salvo una mujer desesperada. Si algún día tu padre regresa y yo aún estoy aquí
esperándolo los poetas me alabarán por mi fidelidad; solo yo sé que soy incapaz
de serle fiel a un hombre, y que cada una de las miradas de los hombres que me
cortejan han encendido en mí una llama, son una figura en mi tapiz.
Sin embargo, tú
lo amas a tu padre y haces bien en amarlo. Te dirán que es un hombre vil y a
veces es cierto. A veces es un mentiroso, y a veces es mezquino. Yo conozco su
alma y sé cuán mezquino puede ser a veces. Sin embargo, es un buen .hombre. No
permitiría que nadie sufra por su culpa, por ejemplo, y no se da cuenta cuando
está causando daño. Lo han maldecido los
dioses con un gran corazón y poca inteligencia; solo ve la manera de
escapar, nunca concibe la posibilidad de quedarse. La guerra de Troya le
pareció una aventura increíble para conocer nuevas tierras. Le gusta la
libertad, el canto de las sirenas, las diosas que se disfrazan de mujeres, los
guerreros que se disfrazan de profetas. Mitos.
Sé que tú serás
distinto. Tienes lo mejor de mí; eres realista. Sabes distinguir entre lo que
está bien y lo que está mal con solo mirarlo – a veces lo haces mejor que yo.
Me sorprende tener un hijo tan sabio y tan joven. Eres tan hermoso. Ni siquiera
puedes imaginarte lo hermoso que eres y cuando se me hincha el pecho de orgullo
cuando te miro. Te he criado bien y espero que algún día tú críes bien a tus
hijos. Hay muchas cosas que a veces odio en ti, pero entonces recuerdo que son
mis principales defectos. Tienes un par de los defectos de tu padre, sin
embargo; eres de carácter fuerte, no te gusta obedecer.
En cuanto a mí,
y para que esta no parezca una misiva algo triste que envía una mujer solitaria
a su único hijo, debo decirte que he abierto la ventana y desde allí puedo ver
la tarde. En el patio solo puede verse a Argos, como siempre, tendido y
moviendo la cola perezosamente para espantar a las moscas. El cielo está casi
despejado, pero una nube blanca va hacia el mar. Tengo un racimo de uvas recién
arrancadas en mi mano, y puedo presentir su sabor con solo respirar su aroma.
Veo que las hojas caen del árbol que tú plantaste hace siete años. No sabes, hijo mío, aún no puedes
saber, cuán magnífica es la vida.
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