domingo, 1 de diciembre de 2013

A Telémaco


                           A Telémaco

                                                    Y solo quedé yo, para contar la historia.
                                                                                   Melville.

Tu padre se ha ido hace mucho tiempo. Ya no lo extraño ni lo espero. Cuando vuelva, si algún día lo hace, me contará la historia de una guerra y de un viaje de regreso tan arduo como inseguro. Como si yo pudiera creerle; si la guerra fuera tan peligrosa como él solía afirmar, hubiera estado conmigo. Muchos hombres me cortejan y me desean. Ninguno es como tu padre: muchos son mejores que él y saben que una mujer tejiendo tapices que desarma durante la noche no es nada salvo una mujer desesperada. Si algún día tu padre regresa y yo aún estoy aquí esperándolo los poetas me alabarán por mi fidelidad; solo yo sé que soy incapaz de serle fiel a un hombre, y que cada una de las miradas de los hombres que me cortejan han encendido en mí una llama, son una figura en mi tapiz.
Sin embargo, tú lo amas a tu padre y haces bien en amarlo. Te dirán que es un hombre vil y a veces es cierto. A veces es un mentiroso, y a veces es mezquino. Yo conozco su alma y sé cuán mezquino puede ser a veces. Sin embargo, es un buen .hombre. No permitiría que nadie sufra por su culpa, por ejemplo, y no se da cuenta cuando está causando daño. Lo han maldecido los  dioses con un gran corazón y poca inteligencia; solo ve la manera de escapar, nunca concibe la posibilidad de quedarse. La guerra de Troya le pareció una aventura increíble para conocer nuevas tierras. Le gusta la libertad, el canto de las sirenas, las diosas que se disfrazan de mujeres, los guerreros que se disfrazan de profetas. Mitos.
Sé que tú serás distinto. Tienes lo mejor de mí; eres realista. Sabes distinguir entre lo que está bien y lo que está mal con solo mirarlo – a veces lo haces mejor que yo. Me sorprende tener un hijo tan sabio y tan joven. Eres tan hermoso. Ni siquiera puedes imaginarte lo hermoso que eres y cuando se me hincha el pecho de orgullo cuando te miro. Te he criado bien y espero que algún día tú críes bien a tus hijos. Hay muchas cosas que a veces odio en ti, pero entonces recuerdo que son mis principales defectos. Tienes un par de los defectos de tu padre, sin embargo; eres de carácter fuerte, no te gusta obedecer.
En cuanto a mí, y para que esta no parezca una misiva algo triste que envía una mujer solitaria a su único hijo, debo decirte que he abierto la ventana y desde allí puedo ver la tarde. En el patio solo puede verse a Argos, como siempre, tendido y moviendo la cola perezosamente para espantar a las moscas. El cielo está casi despejado, pero una nube blanca va hacia el mar. Tengo un racimo de uvas recién arrancadas en mi mano, y puedo presentir su sabor con solo respirar su aroma. Veo que las hojas caen del árbol que tú plantaste hace  siete años. No sabes, hijo mío, aún no puedes saber, cuán magnífica es la vida.

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