lunes, 30 de diciembre de 2013

La mujer a la que le gustaban las historias de terror

                                                                           A Stephen King

                                                                           por la rebelión de los presos de Shawshawk y los cuatro chicos perdidos en el bosque en "The body"
                                                                                                Nunca volví a tener amigos como aquellos que tenía a los doce años. ¿Acaso alguien los tiene?
                                                                                                                  Stephen King
A esa mujer le gustaban las historias de terror. Se había casado muy joven y casi sin pensarlo, porque a su marido le gustaba escribirlas. Su marido tenía talento para hacerlo, quizás menos que otros hombres (como le recordaban todos los críticos literarios del país), pero era sin embargo, a su manera, un buen escritor. La historia del niño perdido en la maleza oscura le había parecido preciosa a su mujer, y más aún la historia de la muchacha que había devorado el corazón del hombre que amaba por que quería a otra mujer. Aunque los críticos dijeran que su estilo era algo exagerado, si su mujer había temblado ante la historia le parecía que era una buena historia. Su mujer lo admiraba, pero pensaba que sus historias eran cada vez más y más crueles, innecesariamente.
Un día su mujer salió a pasear por la ruta y un auto pequeño y rojo la mató. Durante dos meses, el hombre que escribía historias de terror consideró seriamente el suicidio. Luego escribió cuentos en los cuales los muertos volvían de la tumba, en forma de zombies, vampiros, espectros y monstruos varios. Descubrió entonces que lo terrible no era que los muertos regresaran de sus tumbas, sino que nunca regresaban, y que la única manera de verlos fuera llevándole flores al cementerio.

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