a Graciela Daleo
Incluso en lo más oscuro de la noche
los gallos rojos que en ella habitan
siguen existiendo;
carmín, y vidrio,
y sangre
y tantos huesos,
tantos hermanos destruidos en el
intento de fuga.
Incluso ahora
cuando pasó tanto tiempo.
El hambre sigue e incluso en las
iglesias
se reza un padrenuestro y un avemaría
por cada niño que mezcló paco y
cerveza mientras sus padres
dormían la siesta
mientras en la televisión daban “Tom
y Jerry”.
Todos pecadores,
todos santos,
ninguno irá al infierno
en el que no creemos hasta que no nos
demuestren lo contrario
mientras los gallos rojos
siguen existiendo.
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