Una noche.
No bebas del mar,
Porque el mar pide más.
Quién bebe del mar tiene luego
Sed de océanos.
Gunter Grass.
Debo contarle al sultán una historia interesante o sino moriré. Me pregunto que será una historia interesante para el sultán, para un hombre que puede cortarme la cabeza por el solo hecho de aburrirlo.
¿No es eso una historia en si misma? ¿No es increíble que una mujer no pueda darse el lujo de ser aburrida, ni siquiera si es la esposa del sultán? Y todo porque su primera esposa lo engañaba con un esclavo eunuco. Yo me pregunto ¿para qué están los esclavos eunucos en los harenes, sino es para satisfacer a las mujeres del harén cuando ellas no están satisfaciendo al sultán? ¿Para que están los eunucos sino para saber todos los secretos –aún los más oscuros- de las mujeres del sultán? ¿Para qué están los velos y las largas vestiduras que ocultan todo excepto los ojos sino para que los hombres crean que debajo de esa vestidura hay un secreto y un privilegio? Debajo de todos mis vestidos soy solo Scherezade, una mujer joven que tiembla porque su vida depende del privilegio que le otorgue o no un sultán.
Las historias que le contaré ocurrirán en países lejanos, donde él no viajará nunca. El creerá que son verdaderas. Yo creeré que son verdaderas.
Allí viene el.

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