El buen sentido (3 parte)
Hasta en sueños te me has negado
y enviado
solo a tus doncellas
Ezra Pound.
Hasta en sueños te me has negado
y enviado
solo a tus doncellas
Ezra Pound.
Pablo
Ojalá ella sobreviva. Ojalá ella
logre llegar al aeropuerto, con ese aire levemente europeo que a los
argentinos nos molesta tanto, le sonria al guarda de la aduana (que
en realidad fue su novio en tercer grado) y se marche para siempre de
este país y nunca regrese.
Ojalá lo único que se oiga en esta
pieza humeda, donde solo hay una cápsula con cianuro, un revolver
que no anda y una historieta sea el rascar de un gato.
Ojalá yo me arrepienta de ser un
cobarde, me levante, me ponga un overol que dejo tirado un albañil
que alguna vez trabajó aquí y me vaya de esta manzana. Entierro la
capsula con cianuro en un pozo en la tierra, en una zanja y me voy.
Creo que lo que oigo quejarse no es un
gato.
Creo que ya esta anocheciendo.
Quizás llegue a ver el partido de San
Lorenzo esta noche. Lo pasan en aquel bar.
Don Julio, que es amigo de mi viejo
desde chico, debe estar allí.
Creo que los ojos de ese gato brillan
más de la cuenta. Ya lo decía mi abuela; de noche, todos los gatos
son pardos.
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