Otros hombres
Me has escrito dos meses atrás que quieres que me relacione con otros hombres. No te preocupes;los hombres que he conocido hasta ahora están mas interesados en ti que en mi, y solo saben criticarte (lo cual es bastante fácil) o admirarte incondicionalmente, lo cual resulta curioso porque nunca he visto nada demasiado admirable en ti, salvo tu tendencia a decir ciertas verdades en los momentos mas inconvenientes. Por lo demás, la mayoría son buenos amantes, un par están casados y sus mujeres toleran sus infidelidades con santa paciencia.
Te hablare si quieres de Julio: es joven, es norteamericano, me aburrió toda la tarde con sus peroratas acerca de los errores del trostskismo frances. Creo que esta un poco enamorado de mi,pero me pregunto si a los veinte años se sabe lo que es el amor. Cuando se refugia en mi cintura me jura que soy la mujer de su vida: con eso debería bastarme.
Creo que me estoy volviendo cínica.
Solo te agradezco que no recurras a la vieja estrategia de intentar dejarme para obtenerme. Nada hay en esta vida tan fácil como dejar a nadie; se llenan las maletas de ropa, se abre la puerta de la calle y ya. Los otros hombres con los que he estado esperan que reaccione como una damisela en apuros, no como una mujer. Quieren que llore y que proteste por mi honor mancillado (como si el honor pudiera ser mancillado por unas horas de sexo), por la fragilidad de sus promesas. Cuando no lo hago me tratan de frigida o de monstruo y me abandonan igual, pero un poco mas heridos en su
amor propio. Tu eres otra clase de hombre; se cuanto te duele el hueco de mi lado de la cama, pero de todas maneras me permites que lo haga. Te agradezco por haberme dejado irme, porque tu sabes,y yo lo sé, que es imposible irse del todo. Además, a cualquier lugar donde fuera seguiría siendo yo. Es un mundo muy pequeño, en realidad, y entonces recuerdo que soy libre.
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