lunes, 18 de noviembre de 2013

El buen sentido (2° parte)

                                              El buen sentido (2 parte)

                                                   Roberto
Yo tampoco soy Roberto, pero ese era mi nombre de guerra. No lo elegí yo, y tuve otros, pero Roberto es el que prefiero.
Me daba un poco de lástima Pablo, siguiéndola a todas partes como un perro en celo. Hay que admitir que era hermosa, que incluso es hermosa ahora que está muriéndose, y que incluso yo sentía una cierta debilidad por ella. Mi mujer lo sabia y se burlaba de ello, con su dulce tonadita cordobesa; allí está esa muchacha que juega a la guerrillera, me decía cuando la veía llegar. A su manera, también la quería. Mi mujer y yo no estábamos de acuerdo con la lucha armada, pero yo no podía evitar sentirme un cobarde cuando me enteraba que un amigo o un conocido había aparecido muerto por alguna agrupación paramilitar. A veces yo discutía con Pablo y le decía que la paciencia era más importante en una revolución que la pasión, que lo que se decide en el calor del momento muchas veces era un error. Pablo me escuchaba pero ella no dejaba de mirarme con desprecio quizás merecido. Ahora que estoy muerto porque ella me mató por traidor, admito que quizás merezca el adjetivo calificativo y quizás también la bala en la cabeza.
Están cayendo todas las casas operativas por tu culpa, me dijo, antes de matarme.
Nuestros compañeros están desapareciendo por tu culpa.
Canta, hijo de puta, o te reventamos a tus hijas como reventamos a tu mujer, me dijo el tipo al que nunca le vi la cara y yo como un idiota me repetía en el cerebro la canción de los Beatles que  había aprendido por si algún día perdía, iu nou i beliv an jau iu nou i beliv and jau iu nou i beliv and jau.

                                                           












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