lunes, 15 de julio de 2019

Schmauss como yo.

- ¿Cómo se apellida su hijo?- le preguntó la administradora.
Hernán suspiró.
- Schmauss como yo.
La administradora leyó la planilla.
- Hace cinco meses que no usted no paga la cuota. Y faltó cinco días seguidos a la escuela.
- Lo de la cuota- dijo Schmauss- lo voy a solucionar pronto.
- Son treinta y cinco mil pesos. Sin contar que está usando el uniforme del año pasado. Y que todavía no compró ni uno solo de los libros de texto. Le enviamos las notificaciones.
- Bueno, es que hace cinco meses que tenemos menos trabajo en la escribanía.
- Entiendo. Pero me parece que su hijo, igual, no encaja en el perfil de esta escuela. Hace rato que las profesoras lo vienen advirtiendo. Se tiñó el pelo de azul hace dos meses. ¿Se dió cuenta?
- Sí, me dí cuenta.
- Esta es una escuela de excelencia. Por favor, si no paga lo que debe, anote a su hijo en otro colegio.
- ¿A mitad de año?
- En una estatal lo reciben igual. Están obligados. Perdone, ahí viene otro padre.
Hernán Schamuss se fue. Le envió un mensaje a su socio en la escribanía.
- Podés presentar un recurso de amparo, para que siga hasta fin de año.
- ¿Y después?
- Y después, probablemente te lo hagan repetir de año.
Bueno, que ayuda, pensó Hernán Schmauss. Lo divertido era que ni siquiera a él le disgustaba mucho la idea de que su hijo cambiara de escuela. A la que le iba a molestar era a su mujer: su única vida social era con el resto de las madres de los compañeritos de su hijo. Pero desde que se había corrido la bolilla -¿por qué esas noticias corren tan rápido?, se preguntó Schmauss- de que su hijo llevaba el uniforme del año pasado y que aún no había comprado Preparation to First 3, Formación Cívica 4, Química y Física Interesantes y Sistemas de Información Contable, todas ediciones 2019, las otras madres solían no tenerla en cuenta cuando publicaban algo en el chat de madres. Como leyéndole el pensamiento, su mujer le envió un chat preguntándole que había pasado en la escuela.
- Me dijeron que tengo que pagar lo que debo o cambiarlo de escuela. Y que faltó cinco días corridos a la escuela.
- Eso es mentira. Faltó el lunes y el martes, no más, estaba enfermo.
- Miércoles, jueves y viernes también faltó. ¿No te acordás? Llovía. Vos lo dejaste faltar.
- Cierto. Pero ¿tanto lío por cinco días de mierda?
- Debemos treinta y cinco mil pesos. ¿De donde querés que los saque? A no ser que alquilemos la casa de Pilar.
- Es de mi hermana también. Y no le va a gustar. ¿Donde vamos a ir cuando empieze el tiempo lindo? La compartimos entre las dos. ¿Y si los inquilinos después no se quieren ir, cómo le pasó a Gloria?
- La alquilaríamos por inmobiliaria. No sé me ocurre otro lugar de donde podamos sacar plata.
- ¿En cuanto pensás que la podríamos alquilar?
- Treinta mil pesos.
- Nadie nos va a pagar eso. Sabés como está todo.
- Bueno, cambiémoslo de escuela. Porque si sigue ahí, lo van a hacer repetir. Y me estoy llenando de deudas, encima. Deudas al pedo.
- Pero ¿y el nene?
Hernán pensó en su hijo. Llamarlo nene era una ilusión de parte de su mujer. Tenía quince años, medía uno setenta y ocho, era más bien gordo, callado y le gustaba leer libros de zombies. Y teñirse el pelo y pintarse las uñas, como había descubierto un mes atrás. No era el niño modelo que figuraba en los folletos de la escuela, eso seguro.
- Ya le avisé- mintió Hernán.
Pasó por el aula de su hijo. Lo saludó de atrás de la puerta vidriada. Su hijo se sorprendió de verlo, levantó la mano y le pidió a la profesora permiso para salir, señalando al padre.
- ¿Hablaste con la señora Mercier?- preguntó Germán. Le habían salido dos granos en la frente. Es firme candidato al bullyng, pensó su padre. Deben burlarse de él todos los días. No me sorprende que se haya teñido el pelo y se haya pintado las uñas.
- Si, vamos a tener que cambiarte de escuela.- dijo Hernán.- Me aconsejó eso.
En la cara de su hijo se vió algo parecido a una sonrisa, pero supo disimularla.
- Está bien.- contestó Germán- Lástima que no tengas para pagar la cuota.

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