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'Si algo me merece admiración, son los hombres y mujeres con alma de bibliotecarios. Esos hombres y mujeres que no solo compran los libros, sino que los ordenan, los encuadernan, los clasifican y hasta los etiquetan; mi hermano se encuentra entre ellos y más de una vez le he prestado libros sabiendo que nunca regresarían a mi biblioteca, pero sabiendo que en la suya se encontrarían mejor cuidados. Para cualquier lector o para cualquier bibliófilo, sé que califico en la categoría de monstruo; he manchado o arruinado libros excelentes, primeras ediciones ilustradas y es una de las causas por las que generalmente no pido que me presten libros. Nunca los he subrayado, cosa que si me parece más bien triste, pero más de una vez he dibujado en los márgenes y más de un libro se me ha desintegrado en un viaje, literalmente. Mi casa tampoco ayuda demasiado al orden de los libros; se me ha inundado unas cuantas veces y muchos de mis mejores libros casi mueren ahogados por hongos.Quizás algún día mi biblioteca termine siendo el lugar prístino y ordenado con el que siempre he soñado; mientras tanto sigo buscando abajo de mi cama alguna novela de Agatha Christie que he leído hace tanto tiempo que ya no recuerdo siquiera si el detective era Poirot o Miss Marple.
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