Las gaviotas
Nunca había visto gaviotas sobre las orillas del Tíber
cambiantes este fin de invierno las plumas y las aguas.
Me he apoyado en el granito como hacen aquellos
que velan sobre su propia vida o muerte dotados
de una atenta paciencia pero mis ojos distraídos
seguían los planeos rapaces de los pájaros plúmbeo-plateados
hasta que fueron saciados los vientres ahusados los picos
resplandeciendo sobre otras olas en un sol distinto
por el transcurso inevitable del tiempo mis
pupilas cansadas y aún voraces no se volvieron
sobre el emporio móvil de las populosas calles de Roma
en búsqueda desesperada a la hora de la hipoglucemia
de un alimento imprevisto sólo para mí notorio
en una revelación gozosa y estéril en la sombra-luz
sanguínea de los áticos y cornisas meridianos
humeando sobre las colinas las ramas verdes de la poda
hasta oscurecer el cielo piadoso del retorno.
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