miércoles, 2 de julio de 2014

Primera sangre. 5º parte.

- La cosa es así, Trados- empezó mi vieja- Herminia Alarcón y su sobrina vivían en la casa de Berazategui. Como la casa era muy grande y necesitaban dinero, se les ocurrió subalquilar dos cuartos que estaban desocupados. Nunca era por mucho tiempo; generalmente eran estudiantes, viajantes, gente de paso. Hará cosa de dos años atrás llegó una inquilina nueva, que les dijo que se llamaba Nadine y les alquiló uno de los cuartos. Les contó que había venido del Chaco a trabajar en casas de familia, que en los lugares donde había estado la habían maltratado y que ahora trabajaba de cajera en un supermercado mayorista, pero que no tenía ni el sueldo necesario ni los papeles para costearse un alquiler. Todo esto se sabe porque la mejor amiga de Herminia Alarcón habló varias veces con Nadine cuando iba a visitar a su amiga los domingos. El otro cuarto lo habitaba un matrimonio joven, sin hijos: Paula Graciel  y Valentín Bengoechea. No hablaban demasiado con Herminia Alarcón ni con la sobrina. Una noche discutieron los dos (después de lo del crimen aparecieron testigos de la pelea por todas partes) y Valentín Bengoechea se fue .Paula se quedó: según decía ella, no por mucho tiempo, tenía que irse a otro lado, ya Berazategui la tenía cansada.
- ¿La sobrina de Herminia Alarcón trabajaba, no? Algo me pareció haber oído- la interrumpí a mi vieja, aunque sé por experiencia que es peligroso hacerlo.
- Algo de atención prestaste, Trados. Si,  Martina Alarcón era profesora de Geografía. Se iba a casar en un año y medio. El novio, ingeniero, estaba de viaje por Ecuador cuando pasó todo. Según cuenta la mejor amiga de Herminia Alarcón, ella y su tía se llevaban mal. A Herminia Alarcón le gustaba mucho ir al casino y al bingo y gastaba mucho dinero en eso. Según su sobrina, si su tía hubiera sabido administrar la plata que tenía, no tendrían tantos problemas financieros ni necesidad de subalquilar cuartos. Pero aparentemente a Herminia lo de los cuartos le funcionó bien, además había cobrado un juicio que tenía por una indemnización mal liquidada y en el último año se había comprado un LCD y un aire acondicionado nuevo. Y le había prestado plata a Gabriel Espinosa, el hijo mayor de su compadre, sin que el compadre se enterara.
- Eso son madrinas- acoté yo.
- Si, pero imagínate que cuando todo esto saltó después del crimen del primero que sospecharon fué de Gabriel. La suma era muy alta, treinta mil pesos y además Gabriel había ocultado el hecho. Para colmo uno de sus mejores amigos había estado preso por robo calificado. A los dos fueron a los que buscaron primero.
Pero Gabriel Espinosa y Claudio Beltramo juran que son inocentes y el amigo no solo jura que es inocente de este crimen sino del robo.
- Yo no les creo a ninguno de los dos- dijo Emilia.- Se les ve en la cara que son unos mentirosos.
- ¿Y por qué acusaron a Valentín Bengoechea entonces?
- Porque dos días antes, siempre según la mejor amiga de Herminia, había vuelto a buscar unos papeles y había vuelto a pelearse con Paula. La discusión fue fuerte, según parece, y aunque ellas estaban en la cocina habían escuchado casi todo. Valentín Bengoechea, aparentemente, le gritó que iba a matarla.
- ¿Y entonces?
- Y entonces. Que sé yo, Trados. Unos días más tarde aparecen  tres mujeres que vivían allí muertas a puñadas y otra agonizando, sin perspectiva de salvarse. Y lo más raro de todo es que nadie escuchó nada ni vió entrar a nadie. Es cierto que el crimen probablemente fue a la una, dos de la madrugada, y que la casa está un poco aislada del resto, pero incluso así es raro. Y no se encuentran rastros de otra persona, ni en el cuerpo de las víctimas ni en la casa. Nada, hasta ahora. .

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