- Que quede claro- le dice la repostera a Julián y a la Peco apenas llegan- que no vamos a tolerar más este abuso.
- Julián- dice la Peco- no me digas que con una de tus empleadas.
- Te juro que no, por favor.
- No, Peco, no es eso. El problema sos vos- le digo.
- ¿Yo?- dice la Peco.
- La crema, el lemon pie, el merengue, el chocolate y parece que hay muchos problemas con la tarta de frutas.
- No entiendo nada- dice Julián.
- Y también queremos un aumento- le digo, juntando un poco de coraje- El sueldo que tenemos no nos alcanza para nada.
- ¿Cómo para nada? ¿Y las propinas?
- La gente que viene acá no deja buenas propinas- replica Azul- Tenemos que trabajar diez horas por día para juntar un sueldo decente. Y no nos pagan viáticos. Una hora de viaje en tren y quince minutos de subte.
A mí lo de los viáticos ni se me había ocurrido.
- Y además cada vez que rompemos una cucharita nos la cobran- sigue otra de las mozas, Laura- ¿A quién se le ocurre usar cucharitas de porcelana? ¿Por qué no de metal, como en todos los lugares? ¿Por qué no hay un bachero que se especialize en lavar cucharas de porcelana?
- Y encima- dice la repostera- después de que estuve siete años trabajando en cinco pattiseries diferentes, viene la nueva novia del nuevo gerente y arruina las tortas que diseñaron especialmente para este local y que me llevó un mes aprender a cocinar perfecto. Sobre todo el lemon pie.
- ¿Qué pasa con mi lemon pie?- pregunta la Peco.
- Es pesadísimo. Mucha azúcar.
- Julián- dice la Peco- Decíles algo.
- Tu lemon pie es perfecto- dice Julián- Son celos profesionales.
- ¿Ah, sí?- dice la repostera. Saca un lemon pie de la heladera y corta una rodaja. - Comete una porción entera, Julián.
- ¿Por qué?
- ¿Cómo porque?- pregunta la Peco- ¿No decís que es perfecto?
Miro la cara de Julián. ¿Vieron cuando en Naufrágo al naufrago se le pierde la pelota de voley, su único amigo? Esto es peor todavía.
- Claro, ahora lo hago, claro- dice él.
Traga el primer bocado. Traga el segundo. Es algo un poco heroico.
- Me parece Pecosita que tienen razón- dice- Tiene mucha azúcar.
- ¿Vieron? ¿Qué les dije?- dice la repostera triunfal.- Ni él se lo puede tragar.
- Vos no sabés nada.- dice la Peco.- Este lemon pie está perfecto. El otro era muy esponjoso. Parecía una espuma.
- Mirá, querida, vos no te metás en mi cocina. Sobre todo con la onda soy la novia del nuevo gerente. Charlé muchas horas con el padre. Cada dos segundos tiene una novia nueva. Más o menos igual que tu esposa. O ex esposa, no sé.
Ahí la Peco se poné pálida.
- ¿Qué decís?
- Ah, si ustedes vivían a dos cuadras de acá- dice la repostera.- Vos tomabas el té todas las tardes. No soy tan boluda. El otro día la ví con una chica flaca y morocha, de rulitos, con calzas. Muy enamoradas. Y al día siguiente con una chica narigona y desgarbada, algo rara.
- ¿Rara? ¿Polainas a rayas azules y negras? ¿Mechas de tres colores?
Las dos nos miramos. Es imposible. Rita. La primera novia de la Peco, saliendo con Karen.
- La voy a matar- dice la Peco, furiosa, saliendo del local. - Las voy a matar a las dos.
- Pensalo un poco, Peco- le digo yo tratando de calmarla- Vos la dejaste a Karen. Bah, te peleaste, y después conociste a Julián. La Karen está tratando de superarlo. Respirá hondo. Pensá en Bernardita.
- No lo pienso nada. Ella siempre se burló de Rita, de como había podido salir con ella, de que era una mística exótica esotérica que creía en el tarot y en los chakras. Y ahora...
En ese momento sale Julián de la pattiserie.
- ¿No era que Karen no te importaba más, que ya habías encontrado el amor de tu vida y que eramos idénticos, como almas gemelas? ¿No era que estábamos conectados como en el poema de Benedetti?
- Julián- le digo yo- ese poema se lo mandaste a Patri y a Gretel y a Mimucha. Se lo dijiste a un montón de mujeres. No le grites a la Peco, pobre. Está embarazada y se enteró que sus dos ex parejas estan ahora juntas. Es una situación difícil.
- Si, ya lo sé- dice Julián- Ya la he pasado.
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