sábado, 3 de agosto de 2019
Juan Minujín
En la actuación la parte visual cuenta mucho: una persona bonita tiene más posibilidades que una persona fea de triunfar. De todas maneras, una persona bonita que además actúa bien es un plus; una cosa es ser lindo y fotogénico y otra es saber actuar, y en el caso de los actores, la capacidad actoral muchas veces nos termina convenciendo de que una persona que en la calle no miraríamos dos veces en el teatro o en la pantalla nos hipnotiza. Pero Juan Minujín, indudablemente, juega en el equipo de los lindos; además es cierto que le pone cierta vulnerabilidad y cierta ternura a cada uno de sus personajes que hace que uno como espectador termine vinculándose con él de una manera que no se vincula con otros actores, quizás incluso más carismáticos y con mejores pectorales. No todos los actores tienen esa capacidad: hay actores muy dúctiles y muy consagrados, pero que resultan distantes al público. Pero Juan Minujin tiene ese gran plus que es ser buen actor, ser muy buen mozo, y a la vez que la persona que lo ve actuar se identifique con el drama o la comedia o la tragedia que el protagoniza. No es poca cosa.
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