martes, 20 de agosto de 2019

El caso Broemmer. 2º parte

Hace un año atrás Gutierrez me llamó. Habían desbaratado una banda de desarmadores de autos, compuesta por madres, padres, hijos, tíos, sobrinos, concuñados y consuegros. El nombre quizá les suene conocido: los Shunko, así los llamó la prensa. Ahora casi todos están en la cárcel, pero no era por eso que me había llamado Gutierrez. Gutierrez me había llamado por Sintaí.
Sintaí era la hija menor de uno de los desarmadores de autos. Al momento de la caída, tenía diecisiete años. Mala edad para cualquier mujer. Sintaí era casi de piel muy blanca y de ojos muy oscuros.  Sintaí tenía un mechón violeta y otro azul. Sintaí iría, indefectiblemente, a una casa de tránsito hasta que cumpliera los dieciocho, cuando estaría por su cuenta el resto de su vida, quizás esperando que el resto de su familia saliera de la cárcel. Sintaí despertó la curiosidad de Gutierrez porque en el allanamiento habían encontrado recortes de diarios acerca del  caso Broemmer. Según había podido comprobar Gutierrez, los Shunko, Sintaí incluída, habían vivido a dos cuadras de los Broemmer cuando habían ocurrido los hecho.
Fue por eso que Gutierrez me llamó, aunque yo ya estaba retirado.
Cuando llegué a la comisaría, Gutierrez me dijo que teníamos que ser rápidos en nuestro interrogatorio. En media hora llegaría la asistente social y Sintaí quedaría lejos de nuestro alcance.
- Pero ¿la chica dijo algo?
- Nada, hasta ahora.
- ¿Le preguntaste acerca del caso Broemmer?
- Sí, dijo que los conocía a Jeremías y a Nico, de vista, pero que luego no los había visto más.
Entramos a la oficina donde estaba Sintaí, sentadita, al lado de una pecera gigantesca con aserrín y piedras y ramas.
- Hola- le dije- Veo que trajiste a tus hamsters.
Sintaí me miró con desprecio.
- No son hamsters. Son reptiles.
- Veo- dije- ¿Están escondidos?
- Hibernando- contestó ella.
- Veo. Vengo porque, no sé si sabés, nos resultó raro encontrar tantos recortes en tu casa acerca de los Broemmer. Y me cuenta el comisario Gutierrez que conocías a los chicos. Los chicos desaparecidos. Jeremías y Nicolás.
- Sí, algo.
- Y, tu familia, ¿sabés por qué estan presos?
Sintaí volvió a mirarme con desprecio.
- Claro.
- ¿Y sabés porqué tenían tantos recortes del caso Broemmer?
Sintaí se encogió de hombros, con indiferencia.
- A tía Marta le gustaban las noticias policiales.
- Veo.- dije. La chica era una puta pared. - Pero ¿segura que tu familia no tuvo nada que ver con el caso Broemmer?
- Creo que no. Ya están presos. ¿Por qué no les preguntan a ellos? ¿A tía Marta, a Joaquín o a mi primo?
- Ya les vamos a preguntar- la verdad era que preguntarles era inútil. Por empezar, los recortes habían sido encontrados en una carpeta de dibujo, cubierta con stickers steampunks y con una etiqueta que decía Sintaí Shunko. Segundo, todos los detenidos se habían negado a hablar con nosotros. Sabían que estaban tapados de mierda hasta el cuello y que su única posibilidad de salir en pocos años era lograr que no se los asociara con ningún hecho violento. El caso Broemmer -la muerte de dos adultos, la desaparición de dos niños- había sido uno de los casos más violentos de los últimos veinte años.
Gutierrez me llamó aparte, y me dijo en voz baja, pero no en voz tan baja como para que Sintaí no lo  oyera.
- Podríamos arrestarla. Estuve hablando con el juez, se la puede acusar de asociación ilícita como al resto de su familia.
Sintaí ni siquiera nos miró. Ni siquiera parpadeó. Miraba fijamente la pecera.
- No va a arrestar a nadie- dijo una voz sedosa que tanto Gutierrez como yo conocíamos bien. Era Murcia, el fiscal que se ocupaba de la causa.- ¿Que mierda están haciendo? ¿Quieren que nos impugnen toda la causa? Un año y medio entero de cruces telefónicos, de vigilancia y ¿a ustedes se les ocurre apretar a una casi menor?
Juro que no lo habíamos visto.
- Tenemos un montón de evidencia contra los Shunko. Contra todos ellos, menos contra esta chica y su hermana menor. ¿Qué mierda hacen? ¿Se dan cuenta que la chica los puede acusar de cualquier cosa? Encima, vos- me dijo- estás retirado. ¿Que hacés acá en lugar de estar tomando mate en tu casa?
- Encontramos recortes de diarios sobre el caso Broemmer en una carpeta de dibujo de Sintaí Shunko.- dijo Gutierrez. Pero parecía nervioso.
- Dejense de joder. Recortes de diario. Cualquiera puede tener recortes de diario.
- Ella conocía a Nicolás y a Jeremías Broemmer.
- Con más razón iba a tener recortes de diario. Ya mismo estoy llamando a la asistente social para que se la lleve. Y más vale que la chica no cuente nada de lo que pasó acá. Vos andate ya- me dijo- dejate de joder que si a los chicos Broemmer no los encontraron hasta ahora, no creo que esta rara los ayude en algo.
Tuve que irme. Un poco de razón tenía Murcia; los recortes no eran prueba de nada. Una adolescente impactada por un caso policial raro; ¿cuántas chicas así habría en el mundo? Miles. En todo caso, mientras la habíamos interrogado Sintaí no había parecido nerviosa ni preocupada, sino más bien indiferente.
Sintaí Shunko fue, como era previsible, a una casa de tránsito. A los cuatro meses se fugó, llevándose (cosa increíble) la pecera con los reptiles que yo nunca había llegado a ver.


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