miércoles, 4 de septiembre de 2019

El caso Broemmer. 3º parte.

Hoy a la mañana me llamó Gutierrez. Casi no lo atiendo: hacía cinco meses que no nos veíamos, desde su cumpleaños, y calculaba por que me estaba llamando. Me va a meter otra vez en quilombos, pensé. Pero pudo más la curiosidad que el miedo:
- Vení para acá- me dijo.
Habían visto de nuevo a los hermanos Broemmer. En la estación de tren de Retiro. Eran ya casi dos hombres, ahora. Habían asaltado un minimarket, y habían salido corriendo; previsiblemente el dueño, varios transéuntes, y unos cuantos policías los habían corrido entre los puestos que vendían plantas, bolitas de fraile, empanadas turcas, medias y juguitos Cepita. Menos previsiblemente, en algún momento los hermanos Broemmer desaparecieron. Y por más que peinaron toda la estación y sus alrededores no pudieron encontrarlos.
- Es imposible- le dije. - Se deben haber escondido en algún lado.
- Vení y mirá las filmaciones- me dijo Gutierrez.
Fuí, claro. Filmaciones era lo que sobraba. No solo la de las cámaras de seguridad, sino también la de varios celulares de transéuntes. Y Gutierrez tenía razón. Los hermanos Broemmer -a pesar de los cuatro años transcurridos desde la última filmación los dos estábamos seguros de que eran ellos; inclusive, la ropa que usaban era extrañamente parecida a la ropa que usaban cuando eran niños- corrían a velocidad inverosímil, como la mayoría de los arrebatadores y asaltantes, detrás varias personas borrosas, y en un momento dado desaparecían. Estaban y en la filmación de la cámara de seguridad de al lado  no estaban.
- Que caso de mierda- fue mi gran aporte después de intoxicarme ocho horas seguidas con filmaciones de la reaparición de los hermanos Broemmer.- Por estos casos uno se retira de la policía con úlcera, enfisema y colesterol.
- Déjate de lagrimear- me la devolvió Gutierrez. - Ya sé que te aburriste de ver a los dos niñitos perdidos más famosos de Buenos Aires ahora reconvertidos en delincuentes comunes y silvestres. Pero vamos a ver una vez más...
- Una vez más y vomito.
- Una más y no jodemos más.
Pulsó el signo de rewind y luego el play. Y de repente (cuando en la filmación los hermanos Broemmer ya habían desaparecido) Gutierrez saltó de la silla y me gritó:
- ¿La viste?
- Nada... ¿Qué tenía que ver?
- La chica Shunko. Pasa rápido. Mirando el celular, como distraída.  Sintaí Shunko.
- Pero ¿no se había escapado de donde estaba?
- Sí, creo que sí. Nadie la buscó mucho. Ahora ya es mayor de edad, debe tener más de dieciocho.
- Demasiada casualidad.
Nos quedamos los dos callados cinco segundos.
- Casualidad o no- dije yo- da lo mismo. Si la chica Shunko sabe algo sobre los Broemmer ahora ya no nos sirve , porque también le perdimos el rastro a ella. ¿A quién vamos a preguntarle?
- A la tía.- me cortó Gutierrez.- Está en la casa, esperando que salga el fallo en primera instancia. La largaron a los tres meses.
La tía de Sintaí vivía en una casa de frente verde, muy vieja; cuando nos vió, cuando Gutierrez le dijo quién era y a quién venía, Teresa Shunko resopló. Nos hizo pasar a una cocina sin ventanas, que olía a repollo y a oveja, donde cinco plantas suculentas sobrevivían a duras penas, las puntas amarilleadas.Nos ofreció mate cocido con Criollitas y empezó a hablar.
- Sabía que algún día  me iba a pregunta po  la Sintaí. Tendríamo que haberla dejado en Uruguay. Yo le dije a lo chico. Le dije a lo hijo, a lo mio y a lo de Néne. Pero era una nena y le daba lástima. Una nena... Apena caímo todo en cana desapareció sin deja rastro, ni no vino a visita y ahora vienen a pregunta por ella.
- Encontramos recortes del caso Broemmer en una carpeta de ella cuando ustedes cayeron, el año pasado- le dijo Gutierrez- y le preguntamos, pero no tuvimos mucho éxito. Ahora los hermanos Broemmer vuelven a aparecer, asaltando, y ella aparece ahí cerca, en una filmación. No le podemos preguntar porque no sabemos donde está. Así que se nos ocurrió preguntarle a usted.
Teresa nos miró.
- La culpa e  nuestra. Cuando ella miraba tanto a lo Broemmer, a lo chico. Y depué, todo lleno de sangre. Y las dos lagartija que se escaparon.
- ¿Me está diciendo- pregunté yo, bastante incrédulo- que Sintaí, que era una nena cuando pasó lo de los Broemmer, fue la que mató a los padres e hizo desaparecer a los hijos? Eso no puede ser.
- Apena se le rasca el cuero, sale el animal bestia, nos dijo la madre cuando Sintaí tenía do año. Pero su madre despué se desapareció. Cuando tuvo a la otra nena, nada que ver, diferente padre, una preciosura. Pero Sintaí estaba celosa. Y al poco tiempo Sintaí apareció con la lagartijita, y me decía, tía, tía, es mamá, no ve. Cosa de chico, dijo mi hijo meno, su mamá se escapó atrá de algún macho seguro. Le compramo una pecera a la lagartija igual. Se murió a la cinco semana y Sintaí lloraba, mamá murió, mamá murió. Y entonce creo que ella vió a lo Broemmer, a lo chico. Lo miraba mucho. Siempre fue rara la Sintaí y yo me acuerdo que esa madrugada no estaba en la pieza y que fuí a buscarla y que estaba en la esquina de casa. Tenía mancha de sangre abajo de la uña. Van a venir pronto, me dijo. Hoy no voy a la escuela. Esto no se me van a mori como mamá. Y se sentó en el comedo, con la taza de leche chocolatada adelante y emperrada en no ir a la escuela, y yo pensando que dificil cria una criatura sin la madre y entonces veo que entran la dos lagartijita, con la patita oscura. Sintaí las llamó. Jeremías, Nicolás, dijo. Levantó la tapa de la pecera y la dos lagartijita entraron. Mosca, le daba de comer y mariposa. Ella la cazaba.
Nos miramos con Gutierrez. La vieja se había vuelto loca. Aunque yo me acordaba de Sintaí y de su pecera, y del desprecio con el que me había dicho  son reptiles cuando yo había asumido que ahí había hamsters. Le agradecimos las Criollitas y el mate cocido y nos despedimos de ella.
- Acuerndese lo que dijo la madre- nos recordó en la entrada de la casa- Apena se le rasca el cuero, a Sintaí le sale el animal bestia. Yo que ustede me olvido del caso Broemmer.
Caminamos cinco cuadras en silencio con Gutierrez.
- Se oye cada bolazo- me dijo. - Disculpá que te molesté por semejante pelotudez.
- No me molesta. Si, la vieja está re loca. Apenas se le rasca el cuero...
- Si- dijo Gutierrez- Que frase para una leyenda urbana.






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